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El Síndrome de Abstinencia

La puerta de acceso a la Libertada, a la Esperanza y al Gozo

La asistencia asidua a las reuniones de Adictos al Sexo y al Amor An—nimos (SLAA) nos ofrece la posibilidad de una vida nueva: una vida libre de nuestras obsesiones con el sexo, el coqueteo rom‡ntico y las dependencias de tipo emocional.

Cuando o’mos a los dem‡s hablar de los milagros que la recuperaci—n produce, nos sentimos animados. Sin embargo, cuando les o’mos hablar del dolor del s’ndrome de abstinencia, nos planteamos si deber’amos seguir asistiendo a las reuniones.
ÁPor supuesto que s’! Como nos dice nuestro libro Adictos al sexo y al amor an—nimos.

... el dolor de cada s’ndrome de abstinencia es œnico y especial, incluso precioso (aunque lo m‡s seguro es que ahora no lo veas as’).

De algœn modo, esta experiencia eres tœ, una parte de ti que ha estado intentando salir a la superficie durante mucho tiempo.Has estado evitando o retrasando este dolor durante mucho tiempo, pero nunca has sido capaz de eludirlo de forma permanente. Necesitas experimentar el s’ndrome de abstinencia para transformarte en una persona realizada.Necesitas encontrarte a ti mismo. Detr‡s del terror de aquello a lo que temes, el s’ndrome de abstinencia encierra las semillas de tu realizaci—n personal.Debes vivirlo para poder darte cuenta, y convertir en realidad ese potencial que ha estado a la espera de aflorar en ti y en tu vida durante tanto tiempo."ÀQuŽ es el s’ndrome de abstinencia?

Un paso fundamental para comenzar la recuperaci—n de la adicci—n al sexo y al amor consiste en identificar nuestros patrones adictivosesas actividades de las que debemos abstenernos si de verdad queremos alcanzar la plenitud f’sica, mental, emocional y espiritual.En busca de orientaci—n, pedimos ayuda a nuestro padrino o madrina, a nuestro Poder Superior y a otros miembros de SLAA.Un cambio de conductala interrupci—n de nuestros patrones adictivos de comportamientod’a a d’a, se–ala el comienzo de la abstinencia de nuestras pr‡cticas compulsivas y destructivas.Y llamamos s’ndrome de abstinencia al desbarajuste y torbellino f’sico, mental, emocional, y a menudo espiritual, que suele acompa–ar a dicho cambio.Tanto si nuestra obsesi—n es con el sexo, el amor rom‡ntico o las relaciones de pareja, si nuestros deseos son permanentes o se dan peri—dicamente, el no satisfacerlos suele producir una tremenda sacudida en todo nuestro sistema.Si nos abstenemos de nuestros patrones adictivos experimentaremos durante un tiempo el s’ndrome de abstinencia.Esta expresi—n, "s’ndrome de abstinencia" , evoca la imagen de un drogadicto que necesita su droga predilecta para transformar su estado de ‡nimo y/o huir del momento presente.Al igual que las drogas, la adicci—n al sexo y al amor nos puede dominar por completohaciŽndonos correr un peligro cada vez mayor en lo que a nuestra salud f’sica, nuestro bienestar emocional y nuestro sano juicio se refiere...y a nuestra propia vida.El per’odo del s’ndrome de abstinencia nos puede resultar muy inc—modo a muchos.
Nuestro cuerpo sufre cambios f’sicos inesperados:experimentamos altibajos emocionales que jam‡s hubiŽramos imaginado posibles. Y sentimos, quiz‡ por primera vez en nuestra vida, el vac’o que hab’amos tratado de llenar con nuestras adicciones.

La experiencia del s’ndrome de abstinencia.

Cuando interrumpimos nuestras conductas adictivas sentimos en la ra’z de nuestro ser esa fragilidad que con tanta desesperaci—n hab’amos tratado de evitar.Cada uno de nosotros la experimenta de una forma diferente.El s’ndrome de abstinencia que se produce como resultado lo solemos reconocer por los siguientes s’ntomas:

  • Un deseo incontrolable de dejarnos arrastrar por nuestras conductas adictivas.
  • Un dolor f’sico inexplicable.
  • Agotamiento o enfermedades f’sicas.
  • La sustituci—n de unas adicciones por otras.
  • Pautas irregulares en lo que a la comida y al sue–o se refiere.
  • Inseguridad y dudas sobre la propia persona.
  • Desesperaci—n y miedo.
  • Pensamientos de suicidio.
  • Deseos de aislarse de los dem‡s.
  • Pensamientos obsesivos.
  • Tristeza, depresi—n y desesperaci—n.
  • Sue–os en los que las pr‡cticas adictivas est‡n presentes.
  • Altibajos emocionales.
  • Irritabilidad, ira o rabia.
  • Obsesi—n con fantas’as.
  • Perplejidad o dificultad al tratar de concentrarnos.
  • Dudas sobre si nos conviene SLAA o la recuperaci—n.

Durante el s’ndrome de abstinencia salen a la superficie muchos de los pensamientos y miedos que durante tanto tiempo hab’amos estado tapando.Percibimos intensamente que algo nos falta. Antes nos hubiŽramos comportado o reaccionado de una manera determinada; hubiŽramos llamado a una persona concreta; caminado por una calle determinada; hubiŽramos intentado estimularnos por medio de revistas o pel’culas; visitado un lugar "prohibido", o evadido de la realidad a travŽs de la fantas’a.El dilema era que no nos d‡bamos cuenta que lo que hac’amos alcomportarnos as’ era coquetear, y cuando por fin nos percatamos, descubrimos que no sab’amos hacer otra cosa.Nuestras personalidades no se pod’an separar de estas formas caracter’sticas de justificar nuestras acciones, de mirar a los ojos de alguien, de abrazar, y de dar la mano, etc. etc. Si no nos dejamos arrastrar por la adicci—n, ÀquŽ es lo que debemos hacer?

A veces nos basta con respirar.Acaso sea lo œnico que podamos hacer por el momento.La Oraci—n de la Serenidad nos ha resultado extremadamente œtil a muchos en el momento cr’tico de la tentaci—n.TambiŽn nos ayuda el llamar a nuestro padrino o a otro miembro del Programa, as’ como la lectura de algœn folleto de SLAA, o del cap’tulo quinto de nuestro libro "Adictos al Sexo y al Amor An—nimos", en el que se toca la experiencia del s’ndrome de abstinencia a fondo.Trabajar los doce pasos nos ayuda a sumergirnos en la soluci—n en vez de seguir estancados en el problema.

Descubrimos que el ant’doto m‡s eficaz para los dolores corrosivos producto de nuestras luchas y dudas era poner las dudas referentes al resultado del s’ndrome de abstinencia en manos de Dios, o del Poder que creyŽramos que nos estaba ayudando a abstenernos de nuestros viejos patrones adictivos.

Puede que nuestra respuesta sea:
ÁDe ninguna manera!, ...ÁNo vale la pena!
Pero la verdad es que s’ que merece la pena.
Tœ mereces la pena. Y no est‡s solo.

A medida que nos acostumbramos a la abstinencia, el dolor del s’ndrome de abstinencia disminuye y nos vamos centrando en la esperanza de pasar un solo d’aincluso una sola horalibres de las pr‡cticas adictivas.
Nos lo debemos de tomar con calma. Nuestra adicci—n no apareci— con toda su fuerza de la noche a la ma–ana ni por arte de magiala recuperaci—n tampoco es cosa de un instante. As’ como la adicci—n tard— tiempo en desarrollarse, tambiŽn lo tardar‡ la recuperaci—n.

El comienzo de una nueva vida

Durante este tiempo de autoexamen y de aprendizaje de nuevas conductas y de nuevas respuestas a los est’mulos que nos empujan a la adicci—n, recurrimos a viejas y nuevas fuentes de fortaleza.Empleamos el tiempo que necesitemos en alimentarnos f’sica, emocional, mental y espiritualmente.
Nos damos cuenta que debemos de llenar ese vac’o que durante tanto tiempo nos atorment— con una relaci—n con nuestro Poder Superior.Adem‡s, h‡bitos tan sanos como el alimentarse adecuadamente, ba–arse, hacer ejercicio, y descansar, contribuyen a que evitemos estados que puedan llevarnos a la pr‡ctica de nuestras conductas adictivas.
Tomamos conciencia de las formas en que podemos disfrutar de la vida y amarnos a nosotros mismos sin disparar nuestras ansias adictivas.Quiz‡s nos entren deseos de premiar o de reconocer nuestra abstinencia.En lugar de dejarnos arrastrar por la adicci—n, buscamos actividades que nos resulten sanas:
disfrutamos tomando una comida sana y apetitosa, visitamos un remanso de paz en medio de la naturaleza, vamos a un partido de fœtbol, escuchamos mœsica cl‡sica, sacamos el perro a pasear, salimos con nuestra familia al campo, asistimos a alguna actividad en la escuela de nuestro hijo.Estas son algunas de las actividades que ahora valoramos y disfrutamos.TambiŽn recurrimos a la fortaleza de nuestro padrino o madrina, de nuestros amigos del programa, y sobre todo, de nuestro Poder Superior, en cuyas manos hemos puesto nuestras conductas adictivas. La fe en Dios y en el programa de SLAA nos proporciona calma en medio de la tempestad.
Por ejemplo, algunos nos adentramos en el mundo de la espiritualidad asistiendo a ceremonias religiosas o buscando un lugar tranquilo en nuestra casa en el que meditar.
Este tipo de actividades nos ayudan a mejorar nuestra relaci—n con un Poder Superior a nosotros mismos.
Otra manera de alimentar esta fortaleza reciŽn descubierta, es identificar y eliminar actividades que puedan perjudicar nuestra recuperaci—n.
Si observamos nuestro estilo de vida veremos de quŽ manera lo podemos encauzar y simplificar.Cuando, en nuestra vida diaria, nos deshacemos de los est’mulos adictivos, solemos descubrir que hab’amos elegido nuestras aficiones, e incluso nuestra profesi—n, de acuerdo con las posibilidades que nos ofrec’an de practicar nuestra adicci—n.Sin la posibilidad de "disfrutar" de la misma, la actividad en cuesti—n pierde todo su interŽs.Aunque siempre hay algunos cambios m‡s dif’ciles que otros, vemos quŽ actividades refuerzan nuestra recuperaci—n y evitamos aquŽllas que s—lo nos ofrecen la seducci—n de la adicci—n para a continuaci—n sumirnos en la desesperaci—n.Libertad, esperanza y gozo

Puede que iniciemos el periodo del s’ndrome de abstinencia con una sensaci—n de pesimismo.

  • ÀQuŽ me deparar‡ el futuro?
  • ÀC—mo responderŽ?
  • ÀQuiŽn me ayudar‡?
  • ÀVale la pena?
  • ÀA quŽ debo renunciar y a quŽ precio?
  • ÀQuŽ ser‡ de m’ en caso de que consiga sobrevivir el s’ndrome de abstinencia?
  • ÀSe acabar‡ alguna vez?
  • À PodrŽ alguna vez tener relaciones sexuales/ amor/ una relaci—n de pareja de nuevo?

No podemos predecir lo que te espera.Lo que s’ sabemos es que el sexo, el amor y las relaciones afectivas no son necesariamente actividades que debamos evitar para siempre.Una vez que obtenemos cierta medida de "gobernabilidad" en nuestra vida, estaremos en mejores condiciones para plantearnos quŽ actividades nos convienen.La comunicaci—n sincera y abierta con nuestro padrino u otro miembro sobrio del programa es un elemento importante a la hora de tomar decisiones.Aunque la abstinencia de los comportamientos adictivos sea dolorosa, el dolor que produce no es eterno.

El fin del periodo del s’ndrome de abstinencia lo anuncia una disminuci—n grande de nuestros deseos de dejarnos arrastrar por nuestros patrones adictivos. La aceptaci—n de nuestra adicci—n, nuestro deseo de abandonar el estilo de vida que llev‡bamos, la pr‡ctica de los pasos y el uso de las herramientas del programa de SLAA, y la fe y la confianza en un Poder Superior a nosotros mismos posibilita el que comencemos a construir una vida libre de conductas adictivas. No s—lo hemos aceptado el s’ndrome de abstinencia como un paso necesario en nuestra recuperaci—n, sino que incluso hemos llegado a comprender la importancia que para nosotros tiene, el bien que nos hace. El gozo se apodera de nosotros al experimentar, quiz‡ por primera vez, la autoestima, el respeto por nosotros mismos y la dignidad. Un Poder superior a nosotros mismos nos est‡ devolviendo el sano juicio, y le estamos profundamente agradecidos por ello.

Gu’a para sobrevivir al s’ndrome de abstinencia

La siguiente lista de herramientas, lemas y sugerencias puede resultarte muy œtil si est‡s padeciendo el s’ndrome de abstinencia de la adicci—n al sexo y al amor. Son s—lo sugerencias. Puede que no sean adecuadas para cada situaci—n. Averigua cu‡les son las que mejor te van, Áy ponlas en pr‡ctica!

  • T—matelo con calma.
  • Lo primero es lo primero.
  • No lo compliques que es sencillo.
  • Suelta las riendas y ponte en manos de Dios.
  • Piensa.
  • D’a a d’a.
  • S—lo estas veinticuatro horas.
  • Esto tambiŽn pasar‡.
  • Dios hace por nosotros lo que nosotros no pod’amos hacer por nosotros mismos.
  • ÁPase lo que pase, no te dejes arrastrar por la adicci—n!.
  • Elabora cada d’a un horario sencillo y bien estructurado.
  • No te a’sles. Telefonea a los miembros del grupo.
  • Telefonea a tu padrino o madrina. Consigue nœmeros de telŽfono de otros miembros del programa. Ten la lista a mano. Ll‡malos.
  • Evita las personas, los lugares y las actividades que puedan disparar tu adicci—n.
  • Antes que nada habla con tu Poder Superior.
  • Pide a las personas del Programa con las que te sientas c—modo que te llamen.
  • Si recaes, no abandones. Empieza de nuevo. Renueva tu compromiso con la recuperaci—n.
  • Asiste a treinta reuniones en treinta d’as.
  • Acude a un/a psicoterapeuta.
  • Tira a la basura cualquier objeto que pueda estimular tu adicci—n: revistas, v’deos, contactos, nœmeros de telŽfono, direcciones, fotos, cartas, etc. Si no te resultara posible deshacerte de ellos, entrŽgaselos a tu padrino o a otro miembro del programa para que te los guarde.
  • Sal a dar un paseo a pie o en bicicletaa un lugar donde no haya peligro.
  • Cambia tu energ’atranquil’zate, o ponte en acci—n.
  • Escribe en tu diario. Prepara el primer paso por escrito.
  • Asiste a alguna reuni—n. Si no hay de SLAA, vete a una reuni—n abierta de Alcoh—licos An—nimos, Al-Anon, Comedores Compulsivos An—nimos, u otro programa de recuperaci—n de los doce pasos.
  • No tengas miedo a decir que "no". Recuerda que tienes derecho a establecer l’mites para asegurar tu recuperaci—n.
  • Lee el cap’tulo quinto ("El s’ndrome de abstinencia") del libro Adictos al Sexo y al Amor An—nimos.
  • Si te ves en situaciones peligrosas y no puedes evitarlas, pide ayuda aun miembro del programa.
  • Procura el no recurrir a otras adicciones (cambio de adicciones). ÁOjo con la compulsi—n por la comida, las compras, el juego, las drogas, etc.!
  • Busca una nueva ruta para ir al trabajo, a tu centro de estudios, a casa.
  • Asiste a una iglesia, sinagoga o a otro lugar de culto.
  • Reza, medita, mantŽn un contacto consciente con tu Poder Superior.
  • Evita los medios de comunicaci—n que no te convenganTV, cine, v’deos, revistas, mœsica, novelas, etc.
  • C—mprate flores; env’ate una postal a ti mismo.
  • Disfruta de la compa–’a de familiares y de amigos con los que te sientas a gusto y que no pongan en peligro tu recuperaci—n.
  • Busca un lugar o una persona de confianza con la que puedas llorar, expresar tu rabia, lamentarte. No reprimas tus sentimientos.
  • Evita pasar hambre, y los sentimientos de enfado, soledad y fatiga.
  • Recuerda que una cosa son los sentimientos y otra los hechosno te morir‡s a consecuencia de ellos.
  • Evita los lugares que sol’as frecuentar cuando practicabas la adicci—n.
  • No practiques conductas adictivas sustitutorias. (Si eres adicto a la pornograf’a, no pases a frecuentar lugares de "ligue", etc.)
  • No te empe–es una vez m‡s en intentar salvar una relaci—n de pareja. Antes de plantearte la reconciliaci—n espera hasta que hayas pasado el s’ndrome de abstinencia.

Y sobre todo, Áno pierdas la esperanza! El s’ndrome de abstinencia no es eterno. Recuerda que no est‡s solo.

 
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