La Adicción y la Recuperación
excerpted © 1992 S.L.A.A.
Ao largo del proceso de recuperaci—n de la adicci—n
al sexo y al amor, nos ha resultado extremadamente œtil:
- recordar
las diferentes caracter’sticas de la adicci—n
- practicar los
doce pasos del programa de S.L.A.A.
- identificar los s’ntomas
de recuperaci—n en nosotros mismos y en los dem‡s
- Comprobar
como se cumplen las promesas de la recuperaci—n, producto
de los doce pasos
- Prepararnos a nosotros mismos para estar
en condiciones de recibir los frutos del programa
Este folleto pretende bosquejar estos aspectos de la recuperaci—n
y est‡ animado
por el esp’ritu de transmitir nuestra fortaleza, esperanza y sabidur’a
Comprobaremos
que podemos vernos retratados en algunas de las caracter’sticas
que se describen a continuaci—n.
A medida que nos vamos recuperando, lo
hacemos tambiŽn con respecto a algunas
conductas que hab’amos descartado en un principio.
No pretendemos que
estas caracter’sticas sean una lista de diagn—stico definitiva.
Sin embargo expresan la experiencia comœn de muchos de nuestros
miembros.
CARACTERêSTICAS DE LA ADICCIîN AL SEXO Y AL AMOR
- Como no sabemos relacionarnos con los dem‡s, ni donde empieza
una cosa ni termina la otra, mantenemos relaciones sexuales
y/o nos vinculamos afectivamente
sin conocer a las personas.
- Por miedo al abandono y a la soledad prolongamos y
reanudamos relaciones destructivas, nos ocultamos a
nosotros mismos
y a otros nuestra enorme dependencia
de los dem‡s y nos aislamos y sentimos cada vez m‡s separados
de amigos, personas que amamos, de nosotros mismos y de Dios.
- El miedo a no tener suficiente amor y sexo nos lleva
a buscar obsesivamente. Nos vemos en una relaci—n
tras otra, a veces con varias personas al mismo tiempo.
- Confundimos el amor con la necesidad afectiva, con
la atracci—n sexual
y f’sica, con la l‡stima por alguien y/o con la necesidad de
alguien a quien solucionarle los problemas o que nos solucione
los nuestros.
- Cuando estamos solos nos sentimos vac’os e incompletos
y aunque nos da miedo la intimidad y el compromiso,
buscamos sin cesar relaciones ycontactos
sexuales.
- Transformamos la tensi—n, la culpa, la soledad, la ira, la vergŸenza,
el miedo y la envidia en deseos sexuales. Utilizamos el sexo o la dependencia
emocional como sustitutos del cari–o, cuidado y afecto que otros obtienen
en el seno de una relaci—n sana.
- Utilizamos el sexo y los enredos emocionales para
controlar a los dem‡s.
- Las obsesiones o las fantas’as rom‡nticas o sexuales
nos paralizan y nos impiden concentrarnos en nuestras
tareas diarias.
- Evitamos las responsabilidades que tenemos hacia nosotros
mismos vincul‡ndonos
a personas que no nos corresponden o no nos hacen caso.
- Seguimos siendo esclavos de la dependencia emocional,
del coqueteo rom‡ntico
o de actividades sexuales compulsivas.
- Para evitar que nos hagan da–o evitamos toda relaci—n ’ntima, confundiendo
la anorexia sexual y emocional con la recuperaci—n.
- Atribuimos cualidades m‡gicas a los dem‡s, los idealizamos
y los perseguimos, para luego responsabilizarlos de que
nuestras fantas’as y expectativas
no se han cumplido.
Al darnos cuenta de hasta quŽ punto la adicci—n
domina nuestras vidas, descubrimos cu‡n necesitados estamos
de la sabidur’a colectiva y del programa
que los doce pasos encarnan. LOS DOCE PASOS DE S.L.A.A.
- Admitimos que Žramos
impotentes ante la adicci—n al
sexo y al amor, que nuestras vidas se hab’an vuelto ingobernables.
- Llegamos al convencimiento de que s—lo un Poder Superior a nosotros mismos
podr’a devolvernos el sano juicio.
- Decidimos poner nuestra voluntad y nuestras
vidas al cuidado de Dios tal como nosotros lo
concebimos.
- Sin ningœn temor hicimos un inventario moral de
nosotros mismos.
- Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante
otro ser humano la naturaleza exacta de nuestras faltas.
- Estuvimos completamente dispuestos a dejar que
Dios eliminase todos estos defectos de car‡cter.
- Humildemente
le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
- Hicimos
una lista de todas las personas que hab’amos ofendido
y estuvimos dispuestos a reparar el da–o que les hab’amos
causado.
- Reparamos directamente a cuantos nos fue posible
el da–o que les hab’amos
causado, salvo en aquellos casos en que el hacerlo
les perjudicara a ellos mismos o a otros.
- Continuamos
haciendo nuestro inventario personal y cuando
nos equivoc‡bamos
lo admit’amos inmediatamente.
- Buscamos a travŽs de la oraci—n y meditaci—n mejorar
nuestro contacto consciente con Dios, tal como nosotros
lo concebimos, pidiŽndole
solamente que nos permitiese conocer su voluntad para
con nosotros y nos diese la fortaleza
para cumplirla.
- Habiendo experimentado un despertar espiritual
como resultado de estos pasos, tratamos de
transmitir este mensaje a los
adictos al sexo y al amor
y de practicar estos principios en todos nuestros actos.
- Los
patrones individuales de la adicci—n al sexo y al
amor var’an.
- Los patrones de recuperaci—n tambiŽn.
- Normalmente la recuperaci—n
de nuestras conductas adictivas significa recobrar la posibilidad
de elegir, la salud y la dignidad personal al seguir el
programa
de recuperaci—n de S.L.A.A.
- A medida que damos los pasos y nos
beneficiamos de los instrumentos del programa, (tales como
las reuniones, el apadrinamiento,
las publicaciones de A.S.A.A.,
el contacto telef—nico y el servicio), comenzamos a observar
algunos de los siguientes s’ntomas en el camino que nos conduce
a la recuperaci—n.
LOS SêNTOMAS DE LA RECUPERACIîN
- Tratamos de establecer
una relaci—n diaria con un Poder
superior, ya que nos damos cuenta de que no estamos solos
en los esfuerzos por curarnos de
nuestra adicci—n.
- Estamos dispuestos a arriesgarnos a que nos hieran,
ya que nuestra fe en un Poder Superior nos ha devuelto
la confianza.
- Renunciamos, d’a tras d’a, a nuestra estrategia vital
y a nuestra obsesi—n
por la bœsqueda de coqueteo sexual y rom‡ntico y de dependencia
emocional.
- Aprendemos a evitar situaciones que puedan ponernos
en peligro f’sico,
moral, psicol—gico o espiritual.
- Aprendemos a aceptarnos
y a querernos, a responsabilizarnos de nuestras vidas y
a ocuparnos de satisfacer
nuestras necesidades antes de involucrarnos
con otros.
- Estamos dispuestos a pedir ayuda, nos atrevemos
a arriesgarnos a que nos hieran y aprendemos
a confiar y aceptar a los dem‡s.
- Tratamos de elevar
nuestra escasa autoestima y de eliminar el malestar
que se deriva de Žsta,
as’ como el miedo a que nos abandonen y a la
responsabilidad. Aprendemos a sentirnos c—modos
con nosotros mismos en soledad.
- Comenzamos a
aceptar nuestras imperfecciones y errores
como algo propio del ser humano, corregimos
nuestra vergŸenza
y perfeccionismo al tratar de corregir nuestros
defectos.
- Comenzamos a sustituir las formas
autodestructivas de expresar emociones y sentimientos
por la sinceridad.
- Somos sinceros al expresar quiŽnes somos, incorporamos
una intimidad autŽntica a nuestras relaciones con nosotros
mismos y con los dem‡s.
- Empezamos a valorar el sexo
como resultado de la comunicaci—n, compromiso,
confianza y cooperaci—n que se dan en el seno de la
relaci—n
con nuestra pareja.
- A medida que participamos en el proceso
de restablecimiento, d’a tras
d’a, vamos recuperando el sano juicio.
A medida que seguimos
los pasos del programa de A.S.A.A.aumenta la esperanza de
que las promesas del programa
se har‡n realidad en nuestra vida.
La experiencia
del programa nos dice que el paso noveno es decisivo
para nuestra recuperaci—n.
A medida que participamos
de lleno en el proceso de reparaci—n de da–os,
de confiar en Dios y de limpieza de nuestro interior, podemos
comprobar como nuestros esfuerzos se ven recompensados.
Ahora
nos sent’amos verdaderamente libres del pasado.
Nos
sent’amos libres de gran parte de la culpa que
nuestras faltas nos hab’an
ocasionado, de la vergŸenza de no haber sido consecuentes
con nuestros valores.
En muchos casos los valores que cre’amos
nuestros hab’an resultado ser los
de otra persona y nos vimos obligados a abandonarlos o cambiarlos
para as’ permitir
que las semillas de nuestra integridad echaran ra’z y crecieran.
Est‡bamos
viviendo vidas enriquecedoras, positivas y nuevas.
En pareja
o en solitario, se nos hab’a concedido una liberaci—n espiritual
de la esclavitud a la adicci—n al sexo y al amor.
Aunque
no pod’amos en ningœn momento bajar la guardia, la elecci—n
de alternativas resultaba ahora mucho m‡s f‡cil.
Nuestra
fe en nuestra relaci—n con Dios continu— creciendo y particip‡bamos
en cuerpo y alma en A.S.A.A..
ƒramos capaces de disfrutar cuando est‡bamos solos y no
nos daba miedo el ser sinceros o el abrirnos a los dem‡s.
Pod’amos
al fin comprender lo que significaba la dignidad personal.
A
medida que utilizamos los doce pasos del programa de A.S.A.A.en nuestra recuperaci—n, nuestra autoestima crece
y recibimos bendiciones que no esper‡bamos
y que ni siquiera nos hubiŽramos planteado pedir.
El cap’tulo
cuarto de nuestro texto fundamental, "Adictos al Sexo y al
Amor An—nimos", resume as’ en quŽ consiste el proceso espiritual:
La
efectividad de nuestros esfuerzos por ayudar a otro ser’a
directamente proporcional al grado de "despertar espiritual" que
los precedi—.
Este despertar espiritual es el resultado de
haber tocado fondo y de la consecuente rendici—n, de haber
adquirido la fe, de haber examinado nuestro pasado y nuestra
personalidad, de haber estrechado nuestra relaci—n con Dios,
de habernos responsabilizado de las repercusiones que nuestra
adicci—n al sexo y al amor
hab’a tenido en otros, de habernos percatado de la existencia
de problemas en nuestra vida y de haber decidido abordarlos
positivamente, reparando los
da–os ocasionados y recurriendo al dominio espiritual a travŽs
de la oraci—n
frecuente y de la meditaci—n, para establecer un mayor contacto
con la fuente de nuestra inspiraci—n y gracia.
Este fue el
proceso por el que pudimos experimentar lo inesperado.
A travŽs
de este proceso comenzamos a experimentar lo inesperado.
LA RECOMPENSA (pasajes del
libro Adictos al Sexo y al Amor An—nimos)
- Llegamos a conocer lo
que es la intimidad con nosotros mismos, con Dios y
con los dem‡s.
- Descubrimos en nuestras relaciones estables una
experiencia nueva y sana de sexualidad, libre de elementos
adictivos.
- En nuestras relaciones con los dem‡s, abandonamos
la bœsqueda
ego’sta de
poder y la consecuci—n de prestigio, verdaderos motores
de nuestros actos.
- Dejaron de atraernos las carreras y los trabajos
a travŽs de los cuales hab’amos
buscado b‡sicamente la seguridad material a costa de nuestro
desarrollo personal.
- Tanto las experiencias de nuestro periodo
de enfermedad como las de nuestro periodo de recuperaci—n,
hicieron de nosotros œtiles instrumentos transmisores
de salud y curaci—n.
- Descubrimos que pod’amos consolidar nuestra
recuperaci—n
ayudando a otros adictos al sexo y al amor.
- Descubrimos
que la fuente de amor, de origen divino, hab’a comenzado
a fluir en nuestro interior.
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